Japón abrió un nuevo capítulo de su historia espacial con el ensayo exitoso de un motor de cohete alimentado únicamente por una energía producida localmente: estiércol de vaca. En la prueba reciente, el motor propulsó horizontalmente una llama azul y naranja de una decena de metros durante unos segundos a través de la puerta de un hangar en la isla septentrional de Hokkaido. El biometano líquido necesario para la combustión se fabricó con “contribuciones” del ganado bovino de dos productores de leche locales, explicó Takahiro Inagawa, jefe de la empresa japonesa Interstellar Technologies. “Hacemos esto no sólo porque es bueno para el medioambiente, sino también porque puede producirse en el país, porque es muy rentable y es un combustible de muy buen rendimiento y gran pureza”, aseguró Inagawa. No es exagerado pensar que esto se reproducirá en todo el mundo.
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